Una investigadora brasileña descubre una proteína con potencial para revolucionar la regeneración nerviosa y reavivar la esperanza de personas con lesiones que comprometen el movimiento: Tatiana Sampaio, profesora e investigadora de la UFRJ, es el nombre al frente de los estudios relacionados con la polilaminina/poliaminina, para muchos ya llamada con reverencia “proteína de Dios”.
Desde el punto de vista técnico, la idea central es que ciertas proteínas funcionan como “andamios” del cuerpo: orientan la adhesión celular, ayudan a los axones (prolongaciones de las neuronas) a crecer en la dirección correcta y modulan señales químicas vinculadas a la cicatrización. Cuando una lesión interrumpe esos caminos, el cuerpo puede incluso intentar reparar, pero encuentra barreras —inflamación, tejido cicatricial, desorganización estructural— y una proteína con acción regenerativa puede contribuir a crear un entorno más favorable para la reconexión.
Pero hay un detalle que toca el alma: su forma de cruz. La cruz, símbolo del amor que se entrega y del sufrimiento que se transforma en vida, aparece aquí como metáfora concreta: una estructura que “cruza” caminos rotos y permite que la vida vuelva a circular donde antes había una interrupción, y es en ese sentido que la poliaminina es llamada “proteína de Dios”.
Es inevitable recordar las páginas del Evangelio en las que Jesús encuentra a los paralíticos y no se limita a consolar: Él devuelve posibilidades. “Levántate, toma tu camilla y anda” no es solo una orden; es la restauración de la dignidad, de la autonomía y del lugar de la persona en la comunidad, y eso ilumina nuestra lectura de cualquier esfuerzo que busque devolver el movimiento a quien lo ha perdido.
Así, la poliaminina nos invita a contemplar dos horizontes al mismo tiempo: el del laboratorio, con método y prudencia, y el de la fe, con confianza en el Dios que hace nuevas todas las cosas. Apoyar la investigación seria, cuidar de quienes sufren y mantener la esperanza también es una forma de responder al milagro que Dios siembra en el mundo, a veces comenzando pequeño, hasta que alguien, un día, pueda levantarse y caminar.
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