Hoy, 24 de octubre, fecha de su pascua definitiva en 1915, celebramos la memoria de San Luis Guanella, el apóstol de la caridad. El centro de toda su vida y espiritualidad fue la certeza inquebrantable de ser amado por Dios. Guiado por la Divina Providencia, mantenía siempre la serenidad en su mirada y vivía una entrega total, marcada por su máxima: trabajad como si todo dependiese de vosotros y confiad como si todo dependiese de la Providencia.
Esta unión profunda con Dios se sustentaba en la Sagrada Escritura, en la oración continua, en la Reconciliación, en la Eucaristía y en el amor fiel a la Iglesia. Bebiendo de esa fuente inagotable, fundó la familia guanelliana, compuesta por las hermanas Hijas de Santa María de la Providencia, los sacerdotes y hermanos Siervas de la Caridad y los cooperadores guanellianos —laicos llamados a compartir y extender esta misma misión de caridad y servicio en el mundo.
Como bien decía el Papa Benedicto XVI en su canonización, Don Guanella fue un «profeta y apóstol de la caridad». Se dedicó a los más pobres, a los enfermos y a las personas con discapacidad, a quienes llamaba cariñosamente «buenos hijos», porque en ellos solo había inocencia. Para él, inclinarse ante el hermano fragilizado era tocar al mismo Cristo: «Todo lo que hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25).
Su testimonio permanece como una invitación urgente a superar la indiferencia ante los dolores de nuestro tiempo. Que en este día podamos renovar el compromiso con la caridad, entregándonos con paciencia, cariño y gestos concretos de amor en favor de los más necesitados. ¡San Luis Guanella, ruega por nosotros!